Siempre eres tú
en diferentes cuerpos que caducan
se abren
se cierran
con un resplandor.
Las palomas preguntan por las flores, yo pregunto por ti,
ni siquiera el mar sabe tu nombre.
El mar es tu furiosa
imposibilidad.
Rotos
en orillas ajenas,
todo el amor transcurre al fin en beneficio de los peces.
En ese oscuro plancton
va lo mejor de ti y de mí.
Beso la belleza de la espuma.
jueves, 3 de julio de 2014
Espuma
jueves, 26 de junio de 2014
Tres eran tres (ensayo biográfico)
Nací después que César Vallejo y Dios ya estaba definitivamente muerto. No había sido Nietzsche. Se había suicidado leyendo a Cioran, aunque otros opinaban que quien había matado a Dios había sido un best seller que en su lanzamiento se le había clavado en el medio del triángulo, eso le pasó por ser tan poco equilátero.
Así que, cuando nací, Dios Padre ya criaba malvas, pero por ahí andaba el loco de su hijo transformando el agua en vino y luego diciendo aquello de que era su sangre, que bien se podía creer, y una noche probé, porque los obispos decían que el sexo oral estaba muy bien con Jesús, y quién lo va a saber mejor que ellos, y es verdad, era un verdadero licor, que ni Baudelaire con su absenta, por eso se tiñó el pelo de verde.
Qué se podía esperar de nuestra generación, fue más bien una degeneración.
Nunca fui a poner flores en la tumba de Dios Padre. No, porque a pesar de todo no era una Supermujer, aunque sí un poco virgen y un poco madre.
El cielo estaba raro, con el hueco aquel del triángulo, y el licor de su hijo terminaba aburriendo. La vida era una gran resaca.
Entonces vino Internet, sin duda el Espíritu Santo.
Ahora, todos llevamos nuestra cagadita de paloma en la cabeza.
Así que, cuando nací, Dios Padre ya criaba malvas, pero por ahí andaba el loco de su hijo transformando el agua en vino y luego diciendo aquello de que era su sangre, que bien se podía creer, y una noche probé, porque los obispos decían que el sexo oral estaba muy bien con Jesús, y quién lo va a saber mejor que ellos, y es verdad, era un verdadero licor, que ni Baudelaire con su absenta, por eso se tiñó el pelo de verde.
Qué se podía esperar de nuestra generación, fue más bien una degeneración.
Nunca fui a poner flores en la tumba de Dios Padre. No, porque a pesar de todo no era una Supermujer, aunque sí un poco virgen y un poco madre.
El cielo estaba raro, con el hueco aquel del triángulo, y el licor de su hijo terminaba aburriendo. La vida era una gran resaca.
Entonces vino Internet, sin duda el Espíritu Santo.
Ahora, todos llevamos nuestra cagadita de paloma en la cabeza.
domingo, 22 de junio de 2014
RETRATOS BURGUESES
I
Golpea tu cabeza el tintineo
de las llaves del Reino.
Suyo es el poder y la gloria.
Puedes sentarte allí,
pero en segunda fila,
eso sí.
II
Sí bueno soy una persona insegura
sí desde luego usted tiene razón y yo
soy una persona insegura
es verdad no creo completamente en nada soy
una persona absolutamente in
segura tal vez
ni una persona soy.
En cambio usted oh trinidad santísima
seguro que es seguro
Sí bueno soy una persona insegura
sí desde luego usted tiene razón y yo
soy una persona insegura
es verdad no creo completamente en nada soy
una persona absolutamente in
segura tal vez
ni una persona soy.
En cambio usted oh trinidad santísima
seguro que es seguro
usted que es tres y uno que lo es todo
para mí que ni cuento.
para mí que ni cuento.
III
Los movimientos de sus manos revelan unas profundas tensiones internas que
sin duda
y qué decir de los músculos de su rostro y cómo se con
traen
llevan
van
vienen
qué decir de sus manos son verdaderamente palomas ciegas de esta última plaga que
mire qué sucia la plaza ayer
Los movimientos de sus manos revelan unas profundas tensiones internas que
sin duda
y qué decir de los músculos de su rostro y cómo se con
traen
llevan
van
vienen
qué decir de sus manos son verdaderamente palomas ciegas de esta última plaga que
mire qué sucia la plaza ayer
sí sin duda amputárselas
pero aún así usted no cree que
por supuesto lo sé lo sé
si no fuera porque nos ha cambiado el aire de sitio Qué
Nos ha cambiado el a
i
re
de sitio ya
no respiramos lo mismo usted y yo
pero
y si la amputáramos no
sé
algunas veces siguen cantando ya sabe la luna
sí la luna
no habría forma de amputar la luna
al menos una
semana sí
aunque las mareas cuando suben ensucian tanto las alfombras sí
a mí me da mucho asco que esos pobres pisen las mismas calles que yo y si
los amputáramos también pero
y la luna
nunca he entendido que un vulgar satélite
oh querida
ja ja ja ja ja ja
pero aún así usted no cree que
por supuesto lo sé lo sé
si no fuera porque nos ha cambiado el aire de sitio Qué
Nos ha cambiado el a
i
re
de sitio ya
no respiramos lo mismo usted y yo
pero
y si la amputáramos no
sé
algunas veces siguen cantando ya sabe la luna
sí la luna
no habría forma de amputar la luna
al menos una
semana sí
aunque las mareas cuando suben ensucian tanto las alfombras sí
a mí me da mucho asco que esos pobres pisen las mismas calles que yo y si
los amputáramos también pero
y la luna
nunca he entendido que un vulgar satélite
oh querida
ja ja ja ja ja ja
sábado, 21 de junio de 2014
Ella pide
Ella no se corta para pedir, dice él. Es verdad, ella pide y pide, ella, la primera vez que vino a casa, la primera vez que me dejó al niño, se quedó dormida en el sofá y después dijo gracias, con mi madre yo nunca pude relajarme, dijo, entonces se levantó y se fue con el niño de la mano mientras yo me sentía aliviada pero a la vez, no sé por qué, tan triste.
Ella es así de caradura, dice él, que no te preocupe si necesita algo o no, si lo necesita ella lo pide, ella no se corta para pedir.
Al niño le llaman el abandonado. Es rubio, de carita redonda, muy callado. Bien podría haber sido mi hijo, pienso yo. Entonces lo llamo y le pido, le pido por favor que se lo lleve, que se lleve al niño, y después se lo lleva, y yo me acuesto en el sofá, y me siento aliviada, pero también, no sé por qué, tan triste.
Antonio López, "La aparición".
Ella es así de caradura, dice él, que no te preocupe si necesita algo o no, si lo necesita ella lo pide, ella no se corta para pedir.
Al niño le llaman el abandonado. Es rubio, de carita redonda, muy callado. Bien podría haber sido mi hijo, pienso yo. Entonces lo llamo y le pido, le pido por favor que se lo lleve, que se lleve al niño, y después se lo lleva, y yo me acuesto en el sofá, y me siento aliviada, pero también, no sé por qué, tan triste.
Antonio López, "La aparición".
miércoles, 18 de junio de 2014
SÁBANAS
No venían cubiertos de una sábana,
nada tenían que ver con los psiquiatras
ni las ofertas de supermercados.
Más reales que yo,
que sí tenía sábanas,
entraban en mis sueños.
Venían a decirme
secretos que solo saben ellos,
los que no duermen.
Venían, entre las grietas del buen sentido,
a traer algo de verdad.
Ellos no eran el delirio.
El delirio era yo.
MJ Vidal
"Three Wishes", Elena Shlegel.
martes, 17 de junio de 2014
Petimetres
"Lo mejor de mi vida es que nunca he existido". Con estas palabras expresaba una vez más Leopoldo su nihilismo, su desposesión, su libertad de espíritu. Qué le importaba a él ser considerado mendigo, si era un príncipe, "princeps", el que va por delante, el que ve más allá, el que trasciende el límite del ser. Nadie podía seguir sus conversaciones, compuestas de versos. La lógica poética gobernaba el mundo. "No hay más emperador que el emperador de los helados", decía de repente y se reía, y su risa era como la lluvia de una verdadera vida sobre esta existencia teatral y acartonada.
Leopoldo, el Hombre, el último Hombre, socrático en la negación de su ser, se sigue riendo en mi recuerdo a la vista de tantos payasos, mequetrefes, petimetres metidos a críticos, que en su vida han estudiado media palabra de Crítica Literaria, que pululan como chinches en el lecho literario provocando el insomnio y la alarma en el corazón de los poetas. No es que no hayan leído a Lacan, que habría dicho de ellos que ni siquiera el significante, es que tampoco leyeron a Confucio, que recomendaba aquello de "estáte calladito", si no vas a decir algo más bello que el silencio.
Mientras los genios poéticos duermen en los bancos de Triana, arrullados por el desprecio colectivo, estos trepas que han escogido la Literatura para medrar porque se suda menos que siendo un honrado fontanero o estibador, juzgan, condenan, organizan eventos, aplauden lo que luego ponen a parir, saltimbanquean versillos... Y yo me digo: ¿Dónde, dónde estará el insecticida?
Mª José Vidal Prado
Leopoldo, el Hombre, el último Hombre, socrático en la negación de su ser, se sigue riendo en mi recuerdo a la vista de tantos payasos, mequetrefes, petimetres metidos a críticos, que en su vida han estudiado media palabra de Crítica Literaria, que pululan como chinches en el lecho literario provocando el insomnio y la alarma en el corazón de los poetas. No es que no hayan leído a Lacan, que habría dicho de ellos que ni siquiera el significante, es que tampoco leyeron a Confucio, que recomendaba aquello de "estáte calladito", si no vas a decir algo más bello que el silencio.
Mientras los genios poéticos duermen en los bancos de Triana, arrullados por el desprecio colectivo, estos trepas que han escogido la Literatura para medrar porque se suda menos que siendo un honrado fontanero o estibador, juzgan, condenan, organizan eventos, aplauden lo que luego ponen a parir, saltimbanquean versillos... Y yo me digo: ¿Dónde, dónde estará el insecticida?
Mª José Vidal Prado
Un poema de Wallace Stevens
La casa estaba en silencio y el mundo en calma.
El lector convirtióse en el libro; y la noche estival
Era como el ser consciente del libro.
La casa estaba en silencio y el mundo en calma.
Las palabras fueron dichas como si no hubiese libro,
fuera de que el lector inclinado sobre la página
deseaba inclinarse, deseaba ser
el erudito para el cual su libro es real, para el cual
la noche estival es como una perfección del pensamiento.
La casa estaba en silencio porque debía estarlo.
La quietud era parte del significado, parte de la mente:
el acceso a la perfección de la página.
Y el mundo estaba en calma. La verdad en un mundo en calma,
donde no existe otro significado, él mismo
es calma, él mismo es verano y noche, él mismo
es el lector inclinándose hasta tarde y leyendo allí.
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