Quizás faltaba síntesis
en el poema. Quizás faltaba
silencio.
Había tanto adorno que mi cuello
se separó de mi cabeza y se quedó ahogándose en lo absurdo
mientras mi cabeza volaba a las regiones de los primeros versos
y el resto de mi cuerpo se caía en los últimos.
MJ Vidal
lunes, 18 de enero de 2016
miércoles, 4 de noviembre de 2015
POEMAS DE JACOBO RABINOWICZ
He recopilado estos poemas de Jacobo Rabinowicz,
buscando aquí y allá, en mi correo, en mi muro de Facebook y en los muros de
Alfonso Brezmes y Manolo Marcos. También incluyo un enlace a su página en la
Antología de Poetas, Siglo XXI, de Fernando Sabido. Hay más, ojalá se
publiquen.
“¿Qué más te puedo decir? Que tu opinión y la de Manolito, y la de Alfonso,
sobre mi poesía, me hace... levitar.
A través de FB he aprendido a querer a personas que no conozco.”
(Jacobo, en un mensaje)
EL QUE LENTAMENTE SE DESPIDE
Todo
el día he perdido
Buscando mis ojos
Y ahí estaban
Frente a mí
Escrutándome
Como guardias de un campo de concentración.
El día entero
He buscado mis manos
Y no aparecían
Quizá las había dejado entre libros
O disimuladas en las manos de ella
Las encontré temblando
Débiles
Esperando quizá
Una orden mía para transformarse en puños.
He caminado hasta el agotamiento
Inquiriendo a desconocidos
Por mis piernas
Entré en casas de ortopedia
En pegajosos baños de restaurantes
Subí a colectivos atestados
De repente levanté la vista
Las descubrí
Espiándome.
Interrogué por mi rostro.
Nadie lo había visto.
Recorrí vidrieras
Subterráneos
Espejos.
Nadie había reparado en él.
El día entero me he buscado
Me he indagado como un policía
Pregunté a vecinos
Di vueltas por el barrio
Desempolvé cementerios.
Poco a poco
voy desapareciendo.
Buscando mis ojos
Y ahí estaban
Frente a mí
Escrutándome
Como guardias de un campo de concentración.
El día entero
He buscado mis manos
Y no aparecían
Quizá las había dejado entre libros
O disimuladas en las manos de ella
Las encontré temblando
Débiles
Esperando quizá
Una orden mía para transformarse en puños.
He caminado hasta el agotamiento
Inquiriendo a desconocidos
Por mis piernas
Entré en casas de ortopedia
En pegajosos baños de restaurantes
Subí a colectivos atestados
De repente levanté la vista
Las descubrí
Espiándome.
Interrogué por mi rostro.
Nadie lo había visto.
Recorrí vidrieras
Subterráneos
Espejos.
Nadie había reparado en él.
El día entero me he buscado
Me he indagado como un policía
Pregunté a vecinos
Di vueltas por el barrio
Desempolvé cementerios.
Poco a poco
voy desapareciendo.
Jacobo
Rabinowicz
SONETO UMBRÍO
Están los días en que a casa llego
y quieta, frente al pálido postigo
surge la sombra como un fiel testigo.
La sombra del que soy y seré luego.
y quieta, frente al pálido postigo
surge la sombra como un fiel testigo.
La sombra del que soy y seré luego.
Están las noches del febril sosiego,
la muerta cama , el dolor amigo
y otra vez la sombra, y el castigo
de odiarla y protegerla, como a un ciego.
la muerta cama , el dolor amigo
y otra vez la sombra, y el castigo
de odiarla y protegerla, como a un ciego.
Está la sombra vana, agazapada.
Sin ojos, sin luz y sin garganta;
pero a pesar de todo está y me canta.
Sin ojos, sin luz y sin garganta;
pero a pesar de todo está y me canta.
Es mi viuda y lo sabe, y tiene tiempo.
Seguirá proyectándose en el suelo
cuando yo sea nada más que un duelo.
Seguirá proyectándose en el suelo
cuando yo sea nada más que un duelo.
UN PRESO
Un preso.
Condenado a latidos perpetuos,
El corazón mío.
Condenado a latidos perpetuos,
El corazón mío.
Setenta y dos años
Sin ver la luz del día
Ni la luz de la noche
Eternamente allí
En el túnel de la oscuridad más oscura
Meta sístole
Meta diástole en el interior de la caverna
No pregunta
No se mete en mi vida
No cierra por vacaciones
No coloca el cartelito me fui a almorzar
No llora.
Sin ver la luz del día
Ni la luz de la noche
Eternamente allí
En el túnel de la oscuridad más oscura
Meta sístole
Meta diástole en el interior de la caverna
No pregunta
No se mete en mi vida
No cierra por vacaciones
No coloca el cartelito me fui a almorzar
No llora.
Y mirá que lo he traicionado, eh.
Le he mentido
Lo he decepcionado
Lo he humillado.
Felonía tras felonía.
Y se obstina en seguir
Meta sístole, meta diástole
Una tras otra,
Pertinaz.
Se ciega por hacerme vivir
Mientras me va matando.
Le he mentido
Lo he decepcionado
Lo he humillado.
Felonía tras felonía.
Y se obstina en seguir
Meta sístole, meta diástole
Una tras otra,
Pertinaz.
Se ciega por hacerme vivir
Mientras me va matando.
Peón que no exige aumentos
No hace paros ni piquetes
No escribe pancartas
Pidiendo justicia
U otras cosas extravagantes.
No hace paros ni piquetes
No escribe pancartas
Pidiendo justicia
U otras cosas extravagantes.
No se enamora
No se vuelve serio o alegre como el amo
No se arrepiente
No hace planes para el futuro
No espera la soldada para correr a comprar comida
Ni piensa en el sexo mientras hace su labor,
En silencio.
En el silencio más negro.
No se vuelve serio o alegre como el amo
No se arrepiente
No hace planes para el futuro
No espera la soldada para correr a comprar comida
Ni piensa en el sexo mientras hace su labor,
En silencio.
En el silencio más negro.
Pero es libre.
De buen corazón.
Si se lo pusieran a algún desconocido
Habría continuado latiendo,
Desinteresadamente.
De buen corazón.
Si se lo pusieran a algún desconocido
Habría continuado latiendo,
Desinteresadamente.
Tiene dueño
Pero no lo tiene.
No le importa para quién trabaja
Y no está afiliado a partido alguno.
Pero no lo tiene.
No le importa para quién trabaja
Y no está afiliado a partido alguno.
Late porque tiene que latir
Así como yo escribo porque tengo que escribir
Y el otro mata porque tiene que matar.
Así como yo escribo porque tengo que escribir
Y el otro mata porque tiene que matar.
Ni siquiera sabe que lo envidio,
El pobre.
El pobre.
ASÍ
COMO EL ÁRBOL...
Así
como el árbol se confiesa con el viento
Y
la memoria lo hace con el recuerdo
Así
me confieso yo
Ante
mí mismo.
Me
perdono porque he pecado
Porque
no he terminado de pecar
Porque
seguiré pecando.
Me
perdono porque no he buscado otra cosa
Que
el dolor
Porque
no he puesto los ojos en la ventura
Porque
sólo me interesó el infortunio.
Llega
el atardecer como un fruto agridulce
Llega
el anochecer a este páramo infestado de vésperos
Como
si el Tiempo retrocediera.
Como
si me estuvieran ofreciendo el riesgo
De
arrepentirme de lo que hice
Y
de lo que he dejado de hacer.
Alguien
olvidó entregarme las mañanas
Demasiado
tiempo atrás
Nadie
me dijo que fuera posible vivir de otra manera.
No
fui enseñado a sobrevolar la risa
El
encanto
Las
presencias amadas.
Arrastré
la vida
En
vez de dejarme impulsar por ella.
De
qué manera perdurable podría yo castigarme.
""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""
POEMA
SESENTA Y UNO
Suspendida
en la garganta
la
campana de sospechoso metal
dale
que te dale
la
boca abierta
los
ojos cerrados
suena.
Huérfana
se tañe, alocada.
Sorda
a su propio eco.
Curioso
en la noche enciendo luces
abro
y cierro violentas sombras
interrogo
los objetos cercanos a la muerte:
una
lapicera
algunas
fotografías,
un
par de lentes
huérfanos
ya de ojos.
De
a pequeños sorbos bebo la sequedad, el frío.
Pronto
seré mi padre.
""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""
ESPANTAPÁJAROS
Tiempo
de ir perdiendo memorias
Tiempo
de ir perdiendo recuerdos.
Y
dejar partir lo que nos rodea
Agonizando
Acompañados
de nuestras pesadillas
Como
familiares esperando abultadas herencias.
Tiempo
de ser un espantapájaros clavado en el medio del desamparo
No
hacer otra cosa que espantar
Espantar
huellas y evocaciones
Estelas
Souvenires
Y
allí
En
plena orfandad
Incrustado
en el erial de la indefensión
Con
los brazos en cruz
Preguntarse
qué hizo uno
Qué
hizo de toda su vida
Y
en toda su vida.
Preguntarse
si valió la pena
Tanto
afán tanta prisa
Tanto
destajo lágrima piedad
Tanta
vida
Sin
siquiera
Haber
matado a una sola persona.
Se
va perdiendo la imagen del andén
Donde
permanecen agitando la mano
Las
nostalgias
Los
odios bien educados.
Deberíamos
haberle hecho caso a las publicidades
Be happy be cool just do it.
""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""
LLEVO
MI VIDA HASTA EL CADALSO
Llevo
mi vida hasta el cadalso
Y
hago descansar su cuello en el madero
Leo
en voz alta sus tropelías
Le
corto la cabeza.
Día
tras día
Repito
ese degüello
Día
tras día
Rueda
por la escalera
La
cabeza
Y
ahí se queda la vida
Sola
Separada
La
nuca chorreante sobre el reseco tronco
Los
brazos colgando.
Despertar
por la mañana
Y
degollar la vida
Con
esa valentía de enfrentarte al hacha
Todas
las mañanas
Elegir
una corbata
Lavarse
los dientes
Y
que otro se ocupe en recoger las cabezas
En
limpiar la sangre.
Que
todo quede preparado
Para
la siguiente jornada.
""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""
Creo
que este poema (de mi autoría) lo estampé en mi muro (lo amuré) hace un par de
meses, pero nunca es tarde volver a pensar en Deleuze. Nunca es tarde volver a
leerlo.
(A
Gilles Deleuze, pensador francés suicidado el 4 de noviembre de 1995)
Un
señor
Un
señor parecido a otros señores
Decide
un día salir de su departamento
Y
no quiere hacerlo por la puerta,
No
quiere dar el paso inicial a través del vano
Y
colocar la suela de su zapato en el suelo.
Ese
señor
Con
cierta reticencia
Con
cierta duda
opta
salir por la ventana
y
dar el paso inicial
y
apoyar la suela de su zapato
en
el aire.
Y
éso es lo que hace.
Apoya
la suela de su zapato en el aire
Sabiendo
que ese aire
Está
a muchos muchísimos metros del suelo
Ese
señor aún vive en su departamento
Ese
señor vive a mucha altura
En
un edificio con infinidad de pisos
Ese
señor vive como si fuera un satélite del planeta.
Tan
lejano del suelo habita.
Como
decía, resuelve hacer su primer paso
Apoyando
el pie en el aire
Y
sabiendo que no va a poder volar
Que
no va a poder caminar
Que
no va a poder vivir.
Y
mientras cae
Mira
por la ventana de cada piso
Cae
de duelo en duelo
De
llanto en llanto
De
fatiga en fatiga
Hasta
que - quizá sin darse cuenta –
Su
cuerpo golpea el piso del suelo verdadero
Del
suelo al que tanto anhelaba y temía llegar.
Del
suelo de baldosas imperturbables, apáticas
Y
hacia donde las personas corren para observar
Ese
hecho curioso
Ese
hecho lleno de sangre y de un par de anteojos destrozado
Como
ese señor.
Ese
señor ya no cree más en nada
Y
sus largas uñas y su pelo quizá le sigan creciendo un poco.
Qué
lástima digo,
Un
señor tan unido
Tan amalgamadas sus piernas al tronco
Y sus brazos
Y su cabeza más aún,
Fusionada a su razonamiento
Siempre cavilando examinando
Hilando y razonando
Un señor tan unido en sí mismo
Estén ahora desperdigadas sus partes
Por ese pavimento que no le permitió
continuar.
Ese señor ha escogido
No volver a pensar.
SINGLADURA
- J. Jacobo Rabinowicz
Encuentro
(a
veces sí, a veces no)
el
derrotero de mi propia deriva.
Y
como descubriendo las ruinas
de
la oscura nave
doy
con el timón oculto por el musgo,
con
la dormida y herrumbrada proa.
Vaya
donde vaya dejo estelas abandonadas.
Como
aves marinas,
cadáveres
de mis ancestros me siguen,
me
persiguen,
hambrientos.
Guiado
por la constante bruma
de
un mar a otro voy errando
sin
saber qué aguas me pertenecen,
qué
cenizas me atraerán.
Danzan
los horizontes a mi alrededor
(a
veces sí, a veces no)
ofreciéndose.
Provocativos.
Si
supieran que voy más allá de sus líneas.
Mas
allá del allá, donde de nuevo
se
abre la boca de la deriva.
""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""
PAULA
Se balancea la lágrima
La única lágrima
En la oscuridad de este día iluminado.
Se mece como la cuna de un recién nacido
Esta lágrima tan mayor de edad
Tan estropeada.
Resbalando a perpetuidad
Entre la nariz y la mejilla
Vuelve a caer dentro de la boca
Vuelve a tragarse
Vuelve a recorrer el agotado sendero
Y aparece nuevamente por los ojos
tímida pero segura.
Una sola lágrima,
Una sola por los dos ojos.
Vaya uno a saber qué arcano se produceHasta ahí llega la noción de la matemática
Para que la unidad dividido dos dé siempre dos
Y siempre uno.
Se agotan los pañuelos
Las mangas
Por esa única lágrima plural
Que deja ambos ojos enrojecidos
Desde hace ya tanto tiempo.
Caramba.
Hacer tanto escombro por una sola lágrima.
"""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""
lunes, 12 de octubre de 2015
ALFONSO BREZMES, "DON DE LENGUAS "
Si Babel es el lugar de la confusión, donde perdemos el sentido de las palabras y dejamos de comprender, el poeta es aquel capaz de recuperarlo. Y ese "Don de lenguas " lo tiene Alfonso Brezmes, que escribe reparando las fracturas de los significados rotos, que vuelve a unir las descoyuntadas articulaciones de la lengua en el cubo de Rubik del ser y del no ser, que acierta a descubrir el mecanismo interno donde la mente se une con el mundo, el yo con el otro:
"Cada silencio
una puerta.
Cada palabra
una invocación.
Cada poema
un túnel. "
El lenguaje es ese "tablón donde agarrarse /en medio del naufragio " porque "Urge poner coto a lo inefable /o éste irá cercando nuestras casas ". El poeta, consciente de los límites que no nos permiten la revelación real de los significados, se busca en el otro. Y al no poder fundirse con el otro busca encontrarse con él en el poema. Lo erótico y lo poético son complementarios en "Don de lenguas ". Pero también otros lenguajes, borgianos, matemáticos, metafísicos y lúdicos, se integran en el libro. Un libro que tiene vida propia : "aguardo a que alguien /descuidadamente me coja /-soy pequeño y rojizo, apenas cubro unas manos -/para saltar a su cuello,/y comerme su lengua. .."
Brezmes tiene el "Don de lenguas " porque no abandona su lenguaje en el caos de la palabrería. Cada palabra en este libro recupera e incluso multiplica su valor, en una retórica de la condensación y concisión, donde los tropos y figuras literarias no son falsos decorados sino que forman parte del cuerpo del poema.
En la primera parte del libro, "Lenguas vivas " predomina el tema erótico, visto como un modo de deshacerse para volver a hacerse, un traspasar los límites, morir y resucitar en otro ser . En la segunda parte, "Lenguas muertas ", el amor se convierte en ausencia: "El corazón no sabe que escribe con la lengua /que hablaban en tu piel sus mariposas muertas ". Pero hay también otros temas, como la búsqueda de la transparencia, recordando a Juan Ramón Jiménez, en el revelador poema "Don de la claridad ", en el que Brezmes responde a Claudio Rodríguez, o el tema de la búsqueda del lector y la unión con él, en la línea de Barthes o Bataille.
La tercera parte, "Ejercicios de lengua ", poetiza sobre la propia poesía . La mirada del poeta es unas veces irónica, otras nostálgica, otras anhelante. Brezmes es un hijo de los espejos que aterrorizaron a Borges, pero él es capaz de acariciarlos y de jugar con ellos. Un hijo sonriente de Borges que une a lo metafísico lo erótico y lo lúdico.
Su claridad viene de dentro.
María José Vidal Prado
"Cada silencio
una puerta.
Cada palabra
una invocación.
Cada poema
un túnel. "
El lenguaje es ese "tablón donde agarrarse /en medio del naufragio " porque "Urge poner coto a lo inefable /o éste irá cercando nuestras casas ". El poeta, consciente de los límites que no nos permiten la revelación real de los significados, se busca en el otro. Y al no poder fundirse con el otro busca encontrarse con él en el poema. Lo erótico y lo poético son complementarios en "Don de lenguas ". Pero también otros lenguajes, borgianos, matemáticos, metafísicos y lúdicos, se integran en el libro. Un libro que tiene vida propia : "aguardo a que alguien /descuidadamente me coja /-soy pequeño y rojizo, apenas cubro unas manos -/para saltar a su cuello,/y comerme su lengua. .."
Brezmes tiene el "Don de lenguas " porque no abandona su lenguaje en el caos de la palabrería. Cada palabra en este libro recupera e incluso multiplica su valor, en una retórica de la condensación y concisión, donde los tropos y figuras literarias no son falsos decorados sino que forman parte del cuerpo del poema.
En la primera parte del libro, "Lenguas vivas " predomina el tema erótico, visto como un modo de deshacerse para volver a hacerse, un traspasar los límites, morir y resucitar en otro ser . En la segunda parte, "Lenguas muertas ", el amor se convierte en ausencia: "El corazón no sabe que escribe con la lengua /que hablaban en tu piel sus mariposas muertas ". Pero hay también otros temas, como la búsqueda de la transparencia, recordando a Juan Ramón Jiménez, en el revelador poema "Don de la claridad ", en el que Brezmes responde a Claudio Rodríguez, o el tema de la búsqueda del lector y la unión con él, en la línea de Barthes o Bataille.
La tercera parte, "Ejercicios de lengua ", poetiza sobre la propia poesía . La mirada del poeta es unas veces irónica, otras nostálgica, otras anhelante. Brezmes es un hijo de los espejos que aterrorizaron a Borges, pero él es capaz de acariciarlos y de jugar con ellos. Un hijo sonriente de Borges que une a lo metafísico lo erótico y lo lúdico.
Su claridad viene de dentro.
María José Vidal Prado
martes, 8 de septiembre de 2015
SERVICIOS INFORMATIVOS, de Manuel de la Fuente
Los hacedores de versos que, parapetados detrás de un libro de filosofía, se olvidaron de mirar por la ventana y ya no recuerdan el camino que baja a la calle; los que, borrachos de poesía light, han renegado de la épica y creen ser líricos sin haber navegado la Odisea, no deben leer este libro, "Servicios informativos", de Manuel de la Fuente, no deben, porque quizás resucitarían, porque serían verdaderamente informados, no como en esas cantinelas de desgracias intercaladas de spots publicitarios a las que hemos llamado información, sino desde dentro del corazón humano, que es ya tantas veces el corazón de las tinieblas.
Resucitarían los poetas cero-cero y se darían cuenta de que la vida existe y la poesía es su voz, y es una bofetada y es un río y es sangre o no es.
" Y hoy/ hoy por hoy/ cuando los civilizados y relamidos europeos/ convergen sobre su propio ombligo", este libro, publicado por primera vez en 1995, sigue siendo actual, porque continuamos "en esta matanza sistemática milimétrica/ en esta masacre sistemática milimétrica/ donde sistemática y milimétricamente/ la risa de uno es la agonía de tantos".
El poeta parte del conflicto exterior - la guerra de Bosnia, cualquier guerra- para adentrarse en la esfera de lo privado, avanzando en dos planos superpuestos que intercambian sus imágenes, entrando unas veces lo bélico en lo erótico y otras veces situándose el amor en un primer plano que vence a la destrucción. El dolor vive en todas partes, dentro y fuera de casa: " Mi cama es esta noche un nuevo Auschwitz/ y por las chimeneas de mi corazón/ asciende un humo denso y sobrehumano/ un olor a juventud achicharrada".
El poeta se posiciona, como Dante en el infierno, en diferentes puntos de la humana catástrofe, y no es casual que muchos de sus poemas comiencen con una referencia espacial: "Junto a los orfanatos junto a los hospitales", " Aquí en una cocina", "Al margen de vuestros electrodomésticos", en una poesía de denuncia, una nueva épica, donde el amor es la última barricada desde la que luchar, la última causa que aún más allá de la muerte no es perdida, como en el estremecedor poema " Admira", en cuya estructura polifónica el yo lírico/épico presta su voz a dos amantes muertos alcanzados por los disparos de los francotiradores. Pero no siempre la ubicación del autor es geográfica o social, porque a veces el punto de partida es una metáfora que nace de la fusión de varios planos de la realidad: "Desde las alamedas/ de algún que otro septiembre/ o también y por poner un ejemplo/ donde tu cuerpo es cruce de caminos/ allí precisamente quiero estar". A partir de ahí, no sabemos por dónde transcurrimos cuando bajamos el poema como un río, no estamos aquí ni allí, fuera ni dentro de nosotros, sino que fluimos poéticamente por todos los lugares a la vez, a través de una métrica irregular y tumultuosa, in crescendo o minuendo según nos acercamos o alejamos de los núcleos del poema, en un movimiento musical. Repeticiones rítmicas, ecos anafóricos, series de adjetivos como ráfagas de ametralladora, nos muestran a un poeta desbordado y desbordante, que más que escribir versos parece, como Lope de Vega, poéticamente desangrarse.
" Me reivindicaba a mí mismo ante mí mismo ", dice el autor en el prólogo a esta reedición de su libro publicada por Vitruvio. Y nos recuerda a Whitman, como ha señalado Luis Alberto de Cuenca, pero mientras el poeta norteamericano celebra al hombre, Manuel de la Fuente canta la imposibilidad de ese canto.
Ahora que muchos poetas se han olvidado del hombre, " Servicios informativos " nos in-forma de él, nos lleva al centro del conflicto existencial humano, y nos deja un sabor agridulce de fracaso y de esperanza. "La verdadera poética son estos versos encendidos e incendiados, estas palabras honestas y descamisadas, estas canciones (eso es para mí un poema) que huelen a molotov, estos estribillos que rebosan de tanta derrota como Rock and Roll".
María José Vidal
miércoles, 5 de agosto de 2015
PABLO MÉNDEZ: "OH, SIGLO XX"
Una piensa, al encontrarse el título del libro, en la
elegía y en el tango. Siglo XX, cambalache. Oh, siglo XX. Una se adentra en el
libro como en el lamento de un poeta que, ya con dieciocho años, se había
lanzado como Una flecha hacia la nada.
Entonces una entra en el libro y se encuentra de bruces con
el gran poema “La madre”. Y ¿quién habla ahí? El yo lírico es otro. “Yo es otro”,
resuena el eco de Rimbaud. O las palabras de Borges: “Como Cornelio Agrippa,
soy dios, soy héroe, soy filósofo, soy demonio y soy mundo, lo cual es una
fatigosa manera de decir que no soy”.
“Se me han borrado los ojos/ al mirarme al espejo”, dice
Pablo Méndez en el poema “Casablanca, 1941”. A lo largo del libro, es frecuente
encontrarse con ese poeta que ya no es un sí-mismo, que habla desde otro ser,
desde otro tiempo, que se presta a ser todos. Abolida la frontera de la
identidad, cae también la de la muerte. Conversamos con Antonio Machado, o con
Dámaso Alonso, leemos este libro como si fuéramos la mujer con la alcuza viajando
en el extraño tren. Entonces reinterpretamos el título: este libro es un tren
que cruza el siglo XX. Estamos viajando por la historia, por la guerra civil,
por el dolor, acompañados por los poetas españoles más hondos. El poeta dialoga
con ellos. A veces les pide prestado un título. A veces les concede su propia
voz. Una entiende, entonces, el significado del libro como un homenaje.
Homenaje a los poetas que nos contaron el alma del siglo XX. Homenaje a las
víctimas de la guerra civil, en poemas donde el yo lírico es un niño que vive
una posguerra que el autor no vivió. El yo se trasciende a sí mismo, tanto
poética como históricamente. Le da su voz al siglo terminado. Porque la vida no
muere. Ni la Literatura. En los libros, en las librerías –a las que Méndez
dedica su obra- está el alma inmortal de cualquier siglo. Ese libro que es “el
árbol perfecto” que aparece en el poema titulado “Juan Ramón Jiménez”: “de sus
hondas raíces/ no podrás escapar”.
Pero al mismo tiempo que es un homenaje, “Oh, siglo XX” es
más que un homenaje. Es creación poética, no historia. La tradición se
incorpora, como en Borges, a la propia obra. El poeta canta con todos. Las
aparentes resurrecciones no son más que un signo de la inmortalidad. Hay otros
temas también eternos en este libro: el amor, la crueldad, la soledad. El poeta
los aborda remando contra el tiempo (“qué corto fue aquel túnel/ y qué inmenso”)
y convirtiendo en símbolos animales y objetos: “El gato de Maribel”, “El hacha
del abuelo”. Símbolos de las pasiones elementales, del dolor, la locura, la
soledad, el amor. Objetos que aunque estén ausentes, como los muertos, están
presentes. Pues tampoco hay frontera entre ausencia y presencia en un universo
poético en que pasado y presente se superponen.
La poesía de Pablo Méndez parece que toma como punto de
partida el yo, el realismo y la experiencia, por su lenguaje coloquial y cercano.
Pero eso es sólo la apariencia. Es un realismo, sí, pero post-borgiano, un
realismo de quien ya no tiene realidad que retratar sino fragmentos del espejo
en el que estuvo. Un realismo habitado por fantasmas como rincones cálidos en
los que guarecerse. Un texto intertextual, un poeta interpoético. Un realismo
post-cortazariano, donde el sujeto poético es mutante y oscila entre las
diferentes perspectivas de un transcurso temporal que se mueve en círculos.
Ya no estamos en la década de los ochenta, ya no se
posiciona el autor entre la poesía de la experiencia y la metafísica, sino que
es heredero de las dos, al igual que del 27, de Rilke, de Camus y de toda una
tradición llena a su vez de experimentación. De unos hereda el lenguaje
sencillo, directo, sin concesiones a la retórica del adjetivo y ornamento de
que todavía adolece tanto la poesía española; de otros hereda la profundidad en
el modo de abordar la identidad y el tiempo.
Conocedor del hecho literario, Pablo Méndez apela en
ocasiones directamente al lector/ escritor, en algunos poemas metapoéticos como
“Herencia”, “De verdad que lo intento”. Es la ironía o distanciamiento del que
después de haber salido de sí mismo para prestar su voz a otros, es capaz
también de verse a sí mismo desde fuera.
Una sale del libro sabiendo que habló del siglo XX pero
estaba en el siglo XXI (“en este otro siglo,/ que dicen nuestro/ y que detesto”).
Y ya no hay elegía, sino herencia, renovación y esperanza.
María José Vidal Prado
miércoles, 8 de julio de 2015
Abrazo
Hay futuros que suceden como los bellos recuerdos que serán
y espíritus reencarnados en la intangibilidad de un vaso
donde ahora pongo una mano mientras la otra está en la tuya.
Hay vidas que suceden con la perpetuidad de un parpadeo
humedad de los ojos ante la inmensidad del paisaje
y el rosa azul o verde
son tan solo adjetivos para el poema antiguo
que no te escribiré.
Hay dioses que retornan arrastrando los pasos
a través de los ojos de tu boca
como si fueras ahora tú
esa puerta que nadie nunca abrió
en el largo pasillo de mi vida.
En noches como esa como esta
que te tuve te tengo
abrazo a todos los que vienen
los que se fueron sin hacer ruido.
Fortuna
Afortunados son
los que arrojados desde cualquier playa
se abrazan bajo una luz azul y no están muertos.
Afortunados los que siendo azules
aún no están muertos y se besan
como ciervos fugaces en el bosque.
Afortunados son los que sonríen
delante de tantas cosas rotas
y sus cicatrices florecen
y sus lunas se multiplican.
Afortunados los que cubren de rosas su piel seca
y ven pasar desnudos el camión de la basura
porque cualquier hotel puede ser esa inmensa pradera
donde los sioux no se dicen adiós.
Afortunados en el infierno
nosotros, para quienes el amor
fue una brisa fresca.
los que arrojados desde cualquier playa
se abrazan bajo una luz azul y no están muertos.
Afortunados los que siendo azules
aún no están muertos y se besan
como ciervos fugaces en el bosque.
Afortunados son los que sonríen
delante de tantas cosas rotas
y sus cicatrices florecen
y sus lunas se multiplican.
Afortunados los que cubren de rosas su piel seca
y ven pasar desnudos el camión de la basura
porque cualquier hotel puede ser esa inmensa pradera
donde los sioux no se dicen adiós.
Afortunados en el infierno
nosotros, para quienes el amor
fue una brisa fresca.
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