miércoles, 8 de julio de 2015

Fortuna

Afortunados son
los que arrojados desde cualquier playa
se abrazan bajo una luz azul y no están muertos.
Afortunados los que siendo azules
aún no están muertos y se besan
como ciervos fugaces en el bosque.

Afortunados son los que sonríen
delante de tantas cosas rotas
y sus cicatrices florecen
y sus lunas se multiplican.
Afortunados los que cubren de rosas su piel seca
y ven pasar desnudos el camión de la basura
porque cualquier hotel puede ser esa inmensa pradera
donde los sioux no se dicen adiós.

Afortunados en el infierno
nosotros, para quienes el amor
fue una brisa fresca.

martes, 16 de junio de 2015

"YA NADIE LEE A PENTTI SAARITSA", DE ALBA SABINA PÉREZ



En la terraza de Babel, "el poeta subraya el mismo verso./ Todavía no ha descifrado/ dónde se encuentra".
 Alba  Sabina intenta descifrar la cábala del caos. En su diálogo con Pentti Saaritsa, un diálogo empañado por la nostalgia de la imposibilidad, deconstruye los signos lingüísticos y el tiempo, desordena el puzle, sube y baja los pisos de la mente indagando en el sentido y buscando quizás la quietud, el descanso inalcanzable.
Alba Sabina se parece a Alicia, y nos conduce en la caída a través de ese pozo en el que todo lo que nos rodea es y no es: " Alicia es sola, Alicia es Alicia". Mientras flotamos en sus versos, vemos la infancia y el futuro, la noche y la luz, la poesía y la pintura, los museos y las calles, los vivos y los muertos.
La autora entra y sale del lenguaje con una libertad total, a través de desdoblamientos del sentido de las palabras, utilizando a veces la duplicidad de los idiomas, combinando gramáticas y tiempos imposibles ( "Mañana puse en un altar a casi todo el mundo/ dándome de bruces con vuestros tridentes/ de origen asiático y low cost/ ahora me pongo a rezumar ¿dolor?"), alterando el espacio y sus dimensiones (" En el infierno me esperaban/ por matar a mi primogénito/ tantos días como cabrían/ en los átomos de un grano de arena"), y su propio sujeto que se multiplica en los espejos de "La fotografía de Bukowski", y a veces la mira amenazante, como en " Serial killer".
Se retrata a sí misma y a todos. Todos estamos en "Foaming Quart", ese freudiano edificio de los egos, ese antro donde " Todos creen haber encontrado un refugio/ donde ocultar sus penitencias; /pero están siempre a la intemperie,/en el centro de una fiesta/ donde cada uno tiene corona, cetro y un trono". En la escalera de este poema nos encontramos, después de los espejos subterráneos que nos niegan. "Otros suben contigo:/ cargan más extrañeza y abismos que antes".
Algunos poemas se estructuran en torno a un eje central que va rotando (" Barcelona y Cipralex", "Pasos mermados"), otras veces se invierte la lógica y el efecto se convierte en causa (" las conchas que rubrican/ su contorno en la arena/ para que el fotógrafo exista"). Los diferentes planos temporales de un mismo sujeto conviven en el presente del poema, como sucede en "Sweet kid"; los vivos dialogan con los muertos, que nos observan y hasta nos imaginan, " cada vez que un cementerio concibe un nacimiento ". El yo lírico nos habla en ocasiones desde más allá de la vida (" Soy el duelo"), dándonos a entender la autora la abolición de toda frontera racional.
También el lenguaje es delirante, con neologismos, dilogías e imágenes visionarias. Sin embargo se vuelve realista e irónico en otros versos de tinte social: "Nos preguntamos por nuestra locura./ Dicen los psicólogos/ Que esa es la pregunta/ Que se formulan los cuerdos/ En el siglo veintiuno".
En " Ya nadie lee a Pentti Saaritsa " hay un diálogo con diversos elementos de la literatura, el cine, la pintura, y hasta las matemáticas o la psicología. La América de Faulkner convive con el cine de Truffaut, la poesía beat con el zen. Pero todas sus influencias la autora las trasciende en una inmensa maquinaria poética donde fuerzas centrípetas nos arrojan a abismos interiores y fuerzas centrífugas nos expulsan del reino en el que todos somos extranjeros. La poesía de Alba Sabina Pérez es un perpetuum mobile de los significados, las identidades y los tiempos.
Pentti Saaritsa dijo: " es más interesante recordar el porvenir ". Ya muchos leemos a Pentti Saaritsa y a Alba Sabina Pérez, y nos sentimos deslumbrados y un poco menos solos.

María José Vidal

viernes, 28 de noviembre de 2014

HOMBRE, de Evelyn de Lezcano

     "Goethe o la metamorfosis de la luz", André Masson.

“Entréme donde no supe/ y quedéme no sabiendo/ toda ciencia trascendiendo”.  Esto fue lo que sentí cuando terminé de leer este poemario, que es uno de esos libros que uno nunca termina de leer porque lo leen a uno, lo sitúan en el espacio de la revelación, donde fueron escritos. En esta época de trivialización de la palabra poética, de ritual de desfiles de pavos reales sin apareamiento, de sucedáneos de sabiduría que son el opio de nuestra civilización, la obra de Evelyn de Lezcano es una revelación, una revelación como descubrimiento de su talento y una revelación en cuanto a la gestación de los poemas desde el silencio interior, el espacio vacío del que habla José Ángel Valente, previo al poema, el que lo hace posible:
"FORMO
de tierra y de saliva un hueco, el único
que pudo al cabo contener la luz."  (1)

Hay un momento en que el hombre se da cuenta de que la racionalidad le ha hecho perder la razón.  Heidegger habló de la necesidad de “reiterar la pregunta que interroga por su sentido”, y no ha sido la razón aristotélica o cartesiana la que nos ha salvado. El mundo no nos ha salido humano. Los poetas, los artistas, en la vanguardia de la sensibilidad, han buscado desde entonces, desde Rimbaud, desde Rilke, otro conocimiento. Se ha hablado de irracionalismo poético. Se podría hablar de la irracionalidad de un mundo que ha confiado solo en la razón y que los poetas intentan rescatar rompiendo esa jaula de la pantera de Rilke. El irracionalismo poético, como dice Carlos Bousoño, no es una negación de lo racional, sino una ampliación del horizonte de la razón incorporando a la vida la emotividad y la imaginación perdidas. Continuando la interrogación de Heidegger, la profesora Ilse Sasso Olivares dice de la poesía que es “una ruptura con lo racional que plantea una forma de razón que permite un mecanismo de aproximación al ser” (2). Evelyn de Lezcano comienza su poemario “Hombre” (el título no es casualidad) con estos versos: “Algunos hombres/ a los que nadie mira de frente/ atisban/los espacios que brotan entre dos espantos”. Este libro, de lenguaje visionario, trata a su vez del tema de la visión poética, esa visión que amplía lo racional y lo acerca a lo real, y del rechazo del sistema hacia el visionario, el rechazo de lo arcaico y anquilosado de la sociedad al progreso que viaja con las alas de la poesía o de cualquier forma nueva del discurso.

El lenguaje irracional y visionario que utilizaron poetas como Rilke, Leopoldo Mª o ahora Evelyn de Lezcano no es un juego, una nueva ocurrencia, sino que responde a la necesidad de ruptura del discurso tradicional fracasado creando un nuevo lenguaje que permita otra vez intentar aproximarnos a lo real, a lo humano casi destruido. Son poetas que traen una nueva primavera al lenguaje, una nueva oportunidad al hombre, una nueva reiteración de la pregunta que interroga por su sentido. No traen un lenguaje binario, ese simple lenguaje de opuestos basado en esa simple moral de los contrarios, del bien frente al mal, de lo sagrado frente a lo sucio, de la locura frente a la sensatez. Traen un lenguaje que integra los diferentes rostros del poliedro humano, por eso no es casual que el libro se titule “Hombre”, ni que esté dedicado a Leopoldo María Panero, que fue él mismo con su vida un símbolo de la integración de los contrarios. Y así lo dice en uno de sus poemas Evelyn de Lezcano:
“Querido, ángel carnívoro,/ buscas el regreso al lugar de las flores./ En el cráneo, /como en un yunque frenético,/ te golpean las piedras de los fantasmas,/ pero tú, mago de las distancias,/tomas, escudo entre las manos,/ todos los minerales de la tierra/ y con el libro secreto de la alquimia,/ grabado en tu memoria, vas recitando /el conjuro/ que ciegue a quienes piensan/ que la locura/ transita en el extremo opuesto a la sensatez.”
En este poemario se supera la lógica. Se superan los límites espacio-temporales: “estabas cruzando hacia otra costa donde tu voz había partido antes/ Hablaste siempre desde allí”; “te contemplo,/ Hombre,/ a través del gran ventanal que nos separa de la vida,/ donde revelas/ que siempre me adivinaste,/ con el dolor resignado en tu boca,/ Sibila del templo destruido”.  Hay también una nueva interpretación de los significantes cotidianos, personas u objetos que se convierten en símbolos de otra realidad: un hombre en blanco y negro, una marquesina de la guagua, adquieren un significado nuevo que es ese significado de las cosas que necesitamos descubrir a través de la visión poética del mundo. Esta poesía amplía también su léxico, desobedece el lenguaje impuesto.  En palabras de Túa Blesa (3), estos versos son “llamaradas contra una moral que silencia realidades, aunque no por ello dejen de existir. Y, aunque así no fuera, que establece todo un dispositivo de cortapisas que legisla lo decible y lo indecible, lo que la imaginación puede recorrer y aquello otro que se le veda”. Para mantener, como dice Evelyn de Lezcano, esta “limpia ciudad que excreta residuos/ por miles de sumideros camuflados”.

El lenguaje de “Hombre” reinterpreta los significantes cotidianos y los enriquece con un valor simbólico, integrando también en su universo personajes míticos (Ananké, Laocoonte), elementos de la magia (arcanos del Tarot) y de la alquimia. Porque realmente la voz de esta poeta es un laboratorio alquímico donde a veces se puede ver el brillo de la piedra filosofal, y el propio libro parece respirar, invadiéndonos con su latido poderoso. Esta poesía está viva, plena de imágenes visionarias que apelan a nuestros sentidos y a nuestra imaginación, “y es que el referente poético por excelencia es la imaginación del lector: jugar con ella como el cazador con las fieras, aturdirla, chocarla, perseguirla, cautivarla” (4), dijo Panero en uno de sus ensayos. El ritmo de los versos acompaña la intensidad de los sentimientos, el amor, el dolor, la rabia, la rebeldía ante los límites impuestos. Es una poesía directa, que interpela al lector, ausente o presente, una poesía escrita en primera y segunda persona; la autora no se escabulle, sino que da la cara y nos conmueve con  palabras hondas que nacen de su percepción tan profunda del ser.

Una poesía visionaria, en la línea de Baudelaire, Rilke o Panero. Pero no se suicidan, no se arrojan al vacío los ángeles de Evelyn, su vuelo es ascensional, y en él se unen el amor, el dolor y la muerte, como en estos versos de su poemario, que he elegido para terminar:
“Te quiero mucho,
más que a los gusanos que me devoran.
Ven, bésame en los labios.
Dame tu mano. Vamos a esperar juntos
aquí, postrados. En la sacristía
siempre hay un hueco para gente como nosotros”.

Mª José Vidal Prado


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(1)   José Ángel Valente, Al dios del lugar.

(2)Ilse Sasso Olivares, “El sentido filosófico de la comunicación poética”.
(3) Túa Blesa, prólogo a Leopoldo María Panero, Poesía Completa (1970-2000), Ed. Visor.

(4) Leopoldo Mª Panero, prefacio de El último hombre.

miércoles, 10 de septiembre de 2014

Respuesta a un agente de tráfico.

 
Señor agente, yo venía de la belleza crepuscular, venía conduciendo sobre el delirio de las nubes, yo venía acompañada, sí, por Johan Sebastian Bach y por un hombre invisible que me habita y no sé ni siquiera si es un hombre o es la memoria de las algas. Venía de derramarme en su mar. Ni siquiera venía conduciendo, yo venía flotando, y esa droga, señor, usted no la conoce.
Así que lo lamento, señores de la policía, no lo mío sino lo de ustedes, y esta denuncia, esta denuncia es una flor entre mis manos.
Ustedes, sí, sentían a alguien más, pero cómo explicarles que los dragones vuelan y giran las espadas en su fuego, o era la cueva de Alí-Babá, o eran las palabras mágicas, y ustedes nunca, nunca podrán entrar allí, ustedes que ven gente asomada a las ventanas y ven las ventanas y ven la plaza y no ven estas flores que le nacen a la noche. Y qué son esas voces, esas sombras. Se asustaron, agentes, al paso de los dioses.
Y yo, que no siendo yo soy más que yo, no tengo miedo, ni lástima, porque nada de eso se siente cuando ya se ha cruzado la puerta.

miércoles, 6 de agosto de 2014

Deslizarse

De los gatos aprendes a deslizarte
entre el azul del cielo
y ese dolor antiguo al que llamamos noche.
Encuentras
un espacio invisible en los bordes del ser,
ese ángulo muerto de la vida
en el que se sitúa el argumento principal,
que nunca sube al escenario, sino que
juega contigo una y otra vez a la creación del mundo.
El dado tiene tantas caras, tantos colores, que
no es un dado.
Aprendiste
de la sombra del gato
cómo habitar el espacio previo a la geometría,
dejando los juguetes del lenguaje.
No ser con dimensiones odiosamente opacas,
simplemente no ser
más que el sencillo acto
de deslizarte allá.

lunes, 4 de agosto de 2014

Del dolor

Un ángel excavando en el pecho de un muerto
busca el corazón y encuentra una piedra oscura,
tallada por amargo
licor de luz.
Piedra preciosa del dolor,
cantó la primavera en otro árbol,
te ignoró.
El ángel arrojó con furia
la piedra en el inmenso vacío
y de ella brotaron flores,
flores más bellas
que las de la primavera de los hombres.

sábado, 2 de agosto de 2014

Robots

Demuestra que no eres un robot,
algo cada vez más difícil,
sobre todo teniendo en cuenta
que esa exhibición de la humanidad que conserves
-elige bien el acto
que te define -
la haces ante un robot
y pudiera ofenderse
o reírse
o pedirte que le vendas tu alma,
esa que no sabes si tienes.